Vivimos en un mundo cada vez más digital. Trabajamos, compramos, aprendemos, invertimos, nos relacionamos y gestionamos nuestra identidad a través de canales digitales. Las organizaciones también aceleran su transformación para ofrecer mejores servicios y ganar en eficiencia. En este contexto, la ciberseguridad se ha convertido en un elemento imprescindible para generar confianza y hacer posible un desarrollo digital seguro.

El desafío es que el entorno evoluciona a gran velocidad. La tecnología, los modelos de negocio y las amenazas cambian continuamente, por lo que la ciberseguridad ya no puede entenderse como un conjunto de herramientas aisladas, sino como un proceso de mejora continua. Igual que cuidamos nuestra salud con prevención y buenos hábitos, la mejor defensa digital consiste en anticiparse, aprender y adaptarse.

La inteligencia artificial está acelerando esta transformación. Los ciberdelincuentes pueden automatizar ataques, personalizar campañas de fraude o generar contenidos falsos cada vez más creíbles. Sin embargo, la IA también representa una gran oportunidad para la defensa. Permite detectar comportamientos anómalos, analizar millones de eventos en tiempo real y responder con mayor rapidez a los incidentes. Como cualquier gran avance tecnológico, su impacto dependerá del uso que hagamos de ella.

Pero si la inteligencia artificial ayuda tanto a atacantes como a defensores, ¿qué marcará realmente la diferencia? La respuesta sigue siendo la misma: las personas.

La historia de la ciberseguridad es también una historia de aprendizaje en el ámbito de las personas. Primero aprendimos a desconfiar de archivos sospechosos. Después comprendimos la importancia de proteger nuestra identidad digital mediante contraseñas robustas y autenticación multifactor. Hoy afrontamos un reto diferente: verificar antes de confiar. Un correo puede parecer legítimo, una llamada puede imitar la voz de un compañero o un vídeo puede haber sido generado por inteligencia artificial. La capacidad de detenerse, contrastar una información o cuestionar una petición inesperada se ha convertido en una competencia esencial.

Durante años se ha dicho que las personas son el eslabón más débil de la ciberseguridad. Sin embargo, para mi, las personas son la mejor defensa. Los ciberdelincuentes atacan a las personas porque son quienes toman las decisiones y cuentan con información valiosa que no pueden obtener por otros medios. Una persona formada, alerta y con pensamiento crítico puede detener un ataque o intento de fraude desde su etapa inicial. Por ello, la concienciación y la formación es clave.

La inteligencia artificial seguirá evolucionando y transformará profundamente la forma en que trabajamos y nos protegemos. Sin embargo, las personas seguirán siendo un objetivo.  Por ello, la inversión más importante en ciberseguridad no será únicamente tecnológica. Seguir formando, concienciando y capacitando a las personas será esencial para que se conviertan en la primera barrera frente a las amenazas y en el principal aliado de la innovación.

Laura del Pino Jimenez, Discipline Leader Data Protection & Security Culture BBVA